Cuando la forma sigue a la función por caminos inesperados.

Es lo primero que se aprende al estudiar Tipografía, aquello que permanece constante en cualquier análisis de diseño tipográfico: la tipografía está hecha para ser leída. Es su razón de ser. Algunas tipografías son más fácilmente legibles que otras, y la legibilidad varía de acuerdo al soporte, color, escala, etc. Pero todos los diseñadores nos […]

Es lo primero que se aprende al estudiar Tipografía, aquello que permanece constante en cualquier análisis de diseño tipográfico: la tipografía está hecha para ser leída. Es su razón de ser. Algunas tipografías son más fácilmente legibles que otras, y la legibilidad varía de acuerdo al soporte, color, escala, etc. Pero todos los diseñadores nos consideramos aptos para identificar qué textos son más fácilmente legibles que otros. Básicamente, nos usamos a nosotros mismos como medida. Si un texto nos cuesta más para leer que otro, el primero es menos legible que el segundo, punto.

Esto es así porque tenemos la noción de que la experiencia perceptiva del acto de leer se da de igual manera en todos los humanos. A partir de esta convicción, desprendemos una serie de principios morfológicos convenientes a la hora de diseñar tipografías. Por ejemplo, las letras con formas y contraformas similares deben mantener cierta constancia, como la n y la m, la p y la q, etc. Esto permite darle ritmo a la experiencia perceptiva de la lectura, ayudando su fluidez.

Pues bien, hay un caso que es la excepción: las personas con dislexia. Debido al modo en el que los disléxicos procesan la información visual, sus cerebros procesan las formas tipográficas como objetos 3D, los cuales pueden rotar o girar. Esto genera confusión en la lectura ya que perjudica la diferenciación de letras cuya morfología es similar. Es común entre los disléxicos la confusión entre la p y la q, la b y la d, o la u y la n. También les cuesta diferenciar la h y la n si el ascendente no está bien marcado.

Por eso Christian Boer diseñó Dyslexie, una tipografía que facilita la lectura para las personas con dislexia. La morfología de esta tipografía apunta a evitar que el cerebro intente rotar las figuras y a diferenciar lo más posible cada letra por separado. Algunas de estas características son: letras con un peso visual mayor en su base, ascendentes y descendentes más grandes, altura de x mayor, mayor espaciado entre letras. En la página web de Dyslexie se encuentran enumeradas todas sus características morfológicas.

A primera vista, sin conocer su función, Dyslexie aparece como una tipografía muy poco atractiva. Y es que no es una tipografía hecha para todos. Es un ejemplo extremo de cómo la forma sigue a la función, aún cuando ésta sea un requisito de un grupo pequeño de gente. Pero ante todo, se mantiene la vieja enseñanza: la tipografía debe ser leída.

Links:

Web de Dyslexie: https://www.dyslexiefont.com/en/home/
Entrevista al creador: http://www.bbc.com/future/story/20171204-the-typeface-that-helps-dyslexics-read