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Quién se excusa, se acusa

¿Tenes una vida armada?, ¿un trabajo promedio y una familia tipo pero de vez en cuando caes en la tentación?, ¿decís que ella te provocó?, ¿no sabías que era menor?. La sociedad despertó y ya no hay excusas.

La pieza es un flyer digital que pertenece a la campaña “No hay excusas” que se lanzó originalmente en el 2013, con el objetivo de visibilizar la realidad de la explotación sexual de niñes y adolescentes en Uruguay, y darle la entidad de problemática socioeconómica cultural que le corresponde. Debido a la interrupción de algunos servicios sociales y las restricciones en la movilidad y desplazamientos por la pandemia del Coronavirus se decidió relanzar la campaña.

La explotación sexual comercial es una violación a los derechos de los niñes y adolescentes que consiste en actividades sexuales, eróticas o pornográficas, a cambio de un pago económico o favores para la satisfacción de una tercera persona o varias; es un delito e implica coerción y violencia, y puede ser considerada como una forma contémporanea de esclavitud, atentando contra la dignidad y el desarrollo de la infancia.

No hay excusas.

La campaña tiene 3 objetivos: (1) desnaturalizar el fenómeno de la explotación sexual, (2) concientizar a los potenciales clientes en su rol de explotadores sexuales de niñes y (3) comunicar a la sociedad la dimensión del delito para que responsabilice a los adultos y no a las víctimas, ya que, al tratarse de menores de edad, no se puede considerar ninguna instancia de consentimiento como justificación.

Visibilizar esta práctica como delito en el imaginario de la sociedad es una invitación a deconstruir las excusas que los adultos/clientes utilizan como justificación de sus actos. La consigna “No hay excusas” dispara el partido conceptual que explicita que los clientes de explotación son delincuentes y deben ir presos, ya que no hay justificación que aminore sus actos.

Denunciá.

En la pieza, el adulto/cliente está parado en la posición en la que estaría una persona que comete un delito, ingresa al sistema carcelario y le realizan la foto de prontuario (o ficha policial), y, en el que debería ser su cartel de identificación, tiene el nombre de la víctima y su edad. 

El mensaje tipográfico refuerza esta idea y busca generar un impacto en el lector al colocar en la mayor jerarquía, por un lado, las excusas más comúnmente utilizadas, como por ejemplo: “No sabía que era menor” o “Ella me provocó”, y por el otro, la consigna y nombre de la campaña “No hay excusas”,  la cual también se distingue en el croma y el peso de la tipografía. También se resaltan cromáticamente las palabras “explotar sexualmente”, “delito” y “denunciá”.

Cada uno de los tres párrafos que figuran en la pieza se identifican con cada uno de los objetivos de la campaña:

  • Primer párrafo: primera jerarquía, para concientizar a los potenciales clientes.
  • Segundo párrafo: tercera jerarquía para desnaturalizar el fenómeno (se anuncia literalmente el mensaje de la campaña).
  • Tercer párrafo: segunda jerarquía, para comunicar a la sociedad sobre la dimensión del delito y llamar a la acción (denunciar).

El conjunto de piezas de la campaña nos interpela a todes: le pone rostros a las excusas y nombres a las víctimas, y nos parece que sería un gran aporte que esta campaña se pueda extender a otros países del mundo, ya que es una problemática que nos atraviesa a todes sin distinción de clase social ni etnias.

Para conocer más sobre la campaña:
https://www.unicef.org/uruguay/nohayexcusas

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