Un desvío del sendero de la comodidad
Entrando en la etapa final de este trabajo de Sistema y con un pie a punto de adentrarse en el mundo de los periódicos, se me ocurrió escribir un post sobre la identidad y la comodidad, tanto entendidos desde el Diseño Gráfico como desde nosotros mismos como poseedores de estas cualidades.
No pretendo aburrirlos, pero ya que todos los viernes nos juntamos a hablar puramente de tipografía y vivimos la mayor parte de nuestro tiempo expuestos a materiales gráficos y redes de comunicación, la idea de este post es dar un pequeño paso al costado e indagar en otros aspectos no vistos en clase, más que de dar ejemplos de sistemas.
Los que hayan cursado la materia Comunicación, seguramente conozcan al amigo Ferdinand de Saussure. Si no es así, lo pueden googlear. Saussure fue un célebre lingüista nacido en Suiza que un día dijo que «una identidad se
constituye siempre en relación a otras identidades». Algunos dirán que eso es obvio. Sin embargo, y espero que no sea una sensación mía, raramente veo que se lleve a cabo el cumplimiento de esta cita en el ambiente de la facultad. Y me incluyo a mí mismo y varias de mis entregas que he hecho en estos años de cursada.
La identidad es lo que nos hace diferentes porque lo que nos iguala no nos da entidad. Una identidad no existe en sí misma sino que se constituye a partir de su relación con las demás. Considero eso como un punto clave a la hora de avanzar en cualquier trabajo facultativo. A veces siento que muchos de nosotros nos dejamos llevar por ciertas tendencias gráficas del momento (por llamarlo de alguna forma) y de este modo se nos cierran la puertas que nos llevan a una búsqueda mayor. Y no hablo de búsquedas personales sino de búsquedas ligadas por completo a la tarea que se debe realizar como diseñador.
Para lograr entender todo un poco mejor, les comparto este breve extracto del libro Dictadura del Diseño del diseñador Carlos Carpintero:
«Hace no demasiados años, los diseñadores procuraban traducir o dar cuenta de una identidad encontrada a través de recursos visuales. Colores serios para organizaciones serias, estructuras mínimas para clientes amantes de la ascesis, geometría abstracta para empresas de servicios financieros, formas orgánicas para emprendedores dinámicos, alegres tipos de fantasía para la televisión orientada a la familia y contundentes tipos sans serif para corporaciones del campo tecnológico. De esta manera, se recuperaba un “algo” que el ente ya poseía y se lo comunicaba a través de una puesta en escena más o menos glamorosa, según resultara pertinente. Hoy pensamos en esas acciones como la comunicación de un “espectáculo de identidad”. Un espectáculo repetido hasta el agotamiento, poco diferenciador, insustancial. Porque a lo que nos llevó esa forma de trabajar es a la replicación de soluciones similares para miles de clientes. Por obra y gracia de la providencia, todas las organizaciones parecían tener el mismo corazón…».
A eso voy. A que he visto muchas cosas «con el mismo corazón»… y sí, me parecieron muy buenos trabajos, increíbles. No pretendo tampoco que sobreanalicemos la situación, pero cuando me voy de la facultad y estoy en el bondi, por momentos no puedo evitar pensar que de alguna forma ya he visto lo mismo una y otra vez. Claramente algo sucede. Y en charlas con amigos, me doy cuenta de que en realidad somos todos conscientes de eso. Imposible no estar al tanto de las tendencias gráficas y menos en esta era que nos tocó vivir donde tenemos todo a un click de distancia. Todos ya conocemos las diagonales, los triángulos, las puestas con Helvetica alineada hacia la izquierda y en varias columnas, las fotografías forestales con frases emotivas centradas, etc. Ya las conocemos, nos gustan (algunas más que otras), y al mismo tiempo preferimos no corrernos hacia los costados. Quizás un poquito pero no demasiado como para desviarse del camino de lo que sabemos que es lo correcto.
Ahora, pensemos a nuestras familias como un sistema (al fin y al cabo, todos somos un sistema). Seguramente muchos compartan características físicas con sus padres, abuelos, hermanos, etc., con alguno más que otro. En mi caso, no podría negar a mi madre nunca porque somos físicamente idénticos. A mi padre, por otro lado, si lo negara, no se alarmaría nadie porque somos totalmente distintos (no creo que mi papá entre al tipoblog a leer esto). Sin embargo, todos en mi familia somos componentes de un sistema con distintos comportamientos y distintas funciones. Mi vieja es la reina del tejido y yo nunca entendí NADA de ese universo. Demasiado complejo para mí. Mi viejo, por otro lado, es un obsesivo de la tecnología. Por mi parte, aparentemente soy el único de mi familia al que le encanta dibujar. Podría vivir y morir dibujando y sólo con eso sería feliz. A lo que voy con todo esto, es que si entre los propios miembros de una familia se pueden diferenciar pequeños «sistemas humanos» como nosotros, uno tan distinto del otro, y aún así convivir y funcionar en el entorno, deberíamos tomar aquello como ejemplo a la hora de pensar en nuestros trabajos. En cómo se comporta, cómo habla y qué me dice el afiche y todas las piezas del evento de mis compañeros. Poder llegar a ver esa identidad y que su vestimenta la diferencie de la del resto, que pueda lograr hacerla única, como cada ser humano que es único.
No dudo que muchos de nosotros hemos intentado lograr lo mejor posible con nuestros trabajos de Sistema. En mi caso, con mi compañera decidimos ir por un camino totalmente distinto a lo que veníamos haciendo, metiéndonos en el mundo de la música experimental de Japón. Yo suelo ilustrar mucho en varios trabajos, y me pareció un excelente impedimento el no poder hacerlo en este trabajo y valerme únicamente de signos tipográficos. Es algo que ahora lo puedo entender, pero hace unos meses seguramente no. Si hubiese ilustrado, ya habría sabido por dónde ir, ya tenía varias referencias de artistas japoneses que admiro, etc. Pero cerrar la puerta del camino cómodo (no sin antes regañar) para abrir otra de mayores búsquedas es lo que más me ayudó. Y creo que eso es siempre lo que más nos puede ayudar a todos.
Alejarse del sendero fácil y hacer uso de un pensamiento lateral nos puede llevar a acompañar nuestros diseños con una mayor identidad. Realmente entender las razones de nuestra tarea como profesionales y comprender la totalidad de nuestras acciones.
Y alejarse por completo de la computadora a la hora de empezar a pensar un nuevo proyecto. Muchos de nosotros muy probablemente, hayamos pasado noches enteras enfrente de un InDesign o Illustrator o lo que sea que use cada uno, moviendo signos de acá para allá sin que se nos caiga ninguna idea. Pues bien, la idea es poco probable que llegue en ese momento, y si lo hace, tiene un alto porcentaje de ser una idea un poco deteriorada. Aprobable, quizás, pero un poco gastada por algo bonito que vimos en un blog. En ese caso, creo que es mejor levantarse de la silla y ponerse en contacto con cualquier otra cosa que uno nunca imaginaría a la hora de hacer un trabajo de la facultad pues sirve como pequeña ventana por donde el cerebro sigue buscando. Uno puede descansar, pero el cerebro no descansa nunca. Nosotros como estudiantes de la FADU lo sabemos más que nadie. Y para nada digo esto como método de prohibición porque me parece enriquecedor ver trabajos de compañeros, ver qué proyectos suben a Behance, Tumblr, Facebook, Flickr y todo tipo de redes sociales. De hecho creo que estamos viviendo un gran momento para la comunicación, pero como con todas las cosas del mundo, debemos ser moderados en su uso y no cegarnos.
Para terminar, les comparto la tapa del disco Todo lo sólido se desvanece en el aire, del artista Gabo Ferro.
Una tapa arriesgada, únicamente con texto, en la que no figura el nombre de Gabo. Ni falta que hace…
«Es sentido común entre los profesionales de la comunicación que los ojos nos engañan todo el tiempo, viendo lo que la cultura le dice que está ante ellos y no algo que en realidad estaría ante ellos».
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