El “Papel” de la información
Los hechos vibran en simultaneidad y en un dinamismo absoluto. El periodismo atraviesa la barrera del tiempo y el espacio congelando los hechos como por arte de mágia. Ya esta. Ahora son información. La información […]
Los hechos vibran en simultaneidad y en un dinamismo absoluto. El periodismo atraviesa la barrera del tiempo y el espacio congelando los hechos como por arte de mágia. Ya esta. Ahora son información.
La información es considerada hoy en día para el mercado como un producto.
Debe estar preparada para competir entre el tumulto infinito de clones informativos. Parecería que la selección natural residiría en ella.
Los medios monopólicos nos brindan la información todos los días de diferentes maneras, como si estuviésemos en un supermercado con varias opciones de papel higiénico: o tomamos el más barato, el de hoja doble, o el que tiene el labrador más lindo y juguetón.
Algunas informaciones, son más baratas y otras más caras. Algunas son más largas y llenas de palabras difíciles; o por el contrario, otras utilizan palabras más simples y generales. Incluso hay informaciones cerradas, para algunos sectores en particular, con su propio código o jerga verbal.
Es decir, la información está sectorizada y distribuida de acuerdo a ciertos canales como: las clases sociales o sin ir más lejos, determinada por los gustos y preferencias del consumidor. Debe conocer los códigos de cada sector para posicionarse como la dueña del saber. La información justifica esos grupos y potencia su reproducción.
Hay muchos envases de información disponible con etiqueta, en tanto haya periodistas listos para recolectarla. Hay informaciones más desconocidas que otras. Y no es culpa de ella no ser famosa.
Una vez fabricada la información es acomodada. No sé acomoda al azar. La información también se fortalece a través de otras informaciones. Es así que van combinándose de manera complementaria a través de un factor común o por contraste.
De a poco, se van generando redes de información. Esa información adquiere una personalidad, una identidad. Un discurso por el cual construye una realidad del mundo en nosotros. Una perspectiva, un modo de interpretar al mundo que refleja en sí nuestra opinión.
No siempre nos limpiamos con el mismo papel higiénico. A veces, decidimos cambiarlo.
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