Crear a mi Lector/a
La construcción de la figura principal de nuestra publicación.
Como consumidora de revistas de género femenino, suele ocurrirme que muchos de los títulos que leo número tras número, se vuelven cada vez más vacíos de contenido y esquivan muchas problemáticas de las cuales me interesaría saber o que, debido a su gran alcance en la sociedad femenina, hagan llegar a todas las mujeres.
¿Será porque la mujer, como lectora y consumidora de ese producto, cambia constantemente y desarrolla distintas personalidades con el paso del tiempo? ¿La competencia entre productos del mismo género hace que “las editoras” (léase jefas de redacción) abarquen temas que superen a la publicación que las codea en el kiosco de revistas? ¿O seré yo, que no encajo en el público al que apuntan estas revistas, y debo pararme frente a una pila de grandes títulos de color flúo con imágenes “photoshopeadas” haciendo la vista gorda para encontrar algo con lo cual me entretenga mientras me cortan el pelo o pueda charlar con mis amigas?
La respuesta a la primer y última pregunta se responde apuntando la mirada hacia el lector, figura principal del consumo (y a la cual, estas revistas deben millonadas de ingresos). La construcción correcta de esa “mujer lectora” hará del éxito de esa revista, la posición en la cual se ubica la redacción de los temas que se incluyen debe ser considerada fundamental para crear un producto de buena calidad, pero sobre todo “interesante”.
¿Y qué define lo “interesante” en una revista? ¿El diseño que la estructura? ¿La gráfica? ¿La fotografía? ¿Los temas que abarca? ¿Las opiniones que engloba?
Citando a Eliseo Verón, semiólogo argentino, en su publicación acerca del análisis del Contrato de Lectura, “(…)El éxito de un soporte de la prensa escrita se mide por su capacidad de proponer un contrato que se articule correctamente a las expectativas, motivaciones, intereses y a los contenidos del imaginario de lo decible visual; de hacer evolucionar su contrato de lectura de modo de “seguir” la evolución socio–cultural de los lectores preservando el nexo; de modificar su contrato de lectura si la situación lo exige, haciéndolo de una manera coherente (…)”
Verón fundamenta su teoría acerca del Lector con un análisis de las portadas de revistas femeninas, encontrando puntos en común entre publicaciones de diferentes firmas. Imagen, texto, contenido, periodicidad, colores, redacción, estructura, son algunos de los conceptos desarrollados en su análisis
(http://www.catedras.fsoc.uba.ar/delcoto/textos/veron_eliseo_analisis_del_contrato_de_lectura.pdf)
Dando por sabidos los conceptos de “enunciador” y “enunciatario” (para no hacer más extenso este post definiéndolos), Verón caracteriza, por un lado, el contrato objetivo o impersonal, en donde el enunciador borra las marcas que dan cuenta de la relación que establece con su destinatario. Esto, dice Verón, crea un efecto de verdad.
También caracteriza lo que él llama el enunciador pedagógico, que se funda en una relación complementaria con el destinatario, donde el enunciador se posiciona como la figura poseedora de un saber, complementariamente con el destinatario, quien no posee ese saber. Para ello, el enunciador se vale de ciertosrecursos lingüísticos: puede usar, por ejemplo, el nosotros exclusivo (YO + ÉL).
Por último, distingue estas dos modalidades de contrato (donde el enunciador construye una distancia del destinatario) del contrato cómplice, donde se registra una tendencia hacia la simetrización de la relación entre enunciador y enunciatario. Los recursos para crear este efecto de complicidad son varios: “Todo lo que nos gusta hacer a las mujeres” titulando una nota en una revista femenina, por ejemplo.
¿Cómo desarrollaremos nuestro contenido para apuntar a nuestro “lector modelo” construído? Y a ese lector que imaginamos, ¿cómo le hablaríamos? ¿qué contenidos le resultarían interesantes? ¿Podemos definir en oraciones, frases o palabras de qué tipo de lector estamos hablando? En contra partida, ubicándonos como lectores, ¿podríamos definir qué es lo que nos gustaría leer? ¿Las revistas o publicaciones cumplen con mis exigencias? ¿Qué intenta demostrar mi publicación? Estas son preguntas que se me presentan a la hora de definir el corpus de mi publicación y que responderé a medida que decida los contenidos que voy a desarrollar.
Como frutilla de este posteo, el semiólogo citado crea en 1974, en Buenos Aires junto a Oscar Steimberg, Juan Carlos Indart y Oscar Traversa, la revista “LENGUAjes”, publicación que implicó la introducción de la semiótica en la Argentina, la delimitación del lenguaje y los géneros contemporáneos como objetos de estudio.
Interesante, ¿cumplirá con el análisis de su “Contrato de Lectura”?
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